sábado, 5 de mayo de 2007

500 pesos

Puros poemas baratos. Y tres o cuatro mujeres. Algunas cervezas. Y muy, muy poca inspiración. Así no se puede hacer nada.

-Por eso no he hecho nada -expliqué a mi editor.

-¡No sólo no has hecho nada, sino que además las últimas cosas que me has dado son copias vulgares de textos sobradamente conocidos!

En mi defensa pude haber alegado que cuando uno duerme bien no escribe nada bueno y tiene que recurrir al plagio, pero solamente prendí otro cigarro.

-Quiero mis 500 pesos. Eso es todo.

Me miró como una mujer a quien no le contestas un “te amo” con otro. Después se arremangó la camisa como una mujer cuando se sube las medias en la cama tras no decirle que la amas. Y posteriormente me gritó hasta de lo que me iba a morir, como una mujer cuando sale furiosa de tu apartamento sólo por no decirle lo que quería escuchar.

-Déme mis 500 pesos y me voy. Sin escándalos. En completa calma. Sin tirarle el café en su bonito escritorio de corte vanguardista.

-¡No le voy a dar nada, porque no ha hecho nada!

-He pensado mucho en cuál debería ser mi siguiente columna. Incluso he pensado en ello mientras le hago el amor a varias mujeres. Así que, como verá, el trabajo intelectual ha sido el mismo.

-¡No se te paga por pensar, sino por escribir! Puedes leerlo en tu contrato.

-Lo sé. Pero no se lo estoy pidiendo de empleado a jefe, sino de hombre mediocre a hombre mediocre. Como puede ver, la naturaleza nos puso al mismo nivel, aunque la sociedad no. ¿Cree usted en dios?

-¡Eso no tiene nada qué ver! ¡Por supuesto que creo en Dios!

-Entonces hágalo por dios. Déme mis 500 pesos, por dios. ¿En qué dios cree usted?

-¡¿Qué carajo le importa en qué Dios creo?! ¡¿Qué cree que va a demostrar con eso?!

-No demuestro nada. Pero soy un hombre espiritual, como usted. ¿En qué dios cree?

-Soy católico, ¿y eso qué importa?

-Siempre es bueno saber. Hay dioses de todos los colores, tamaños y personalidades. Una vez en Sudamérica encontré una tribu en la que los hombres se cortaban el pene a los ocho años para ofrecérselo a su dios. Ninguna mujer sabía lo que era coger. A los niños los robaban de poblados cercanos cuando aún eran pequeños, y así se perpetuaban. Es la tribu más multicultural que existe en el mundo, sin duda.

-¿Es eso cierto?

-O lo soñé. Ya no me acuerdo. Pero por eso siempre pregunto a la gente si cree en dios, y en cuál. ¿Me va a dar mis 500 pesos o quiere un gran alboroto?

-¡Está usted loco! ¡No le voy a dar nada! Y es mejor que se vaya antes de que llame a seguridad.

-¿Los editores tienen un cuerpo de seguridad? Llevo trabajando aquí tres años y nunca he visto a un solo guardia.

-¡Eso es porque usted nunca viene a trabajar! No sé cómo pudimos aguantarlo tanto tiempo.

-Se debe a que usted es un hombre piadoso y compasivo, porque es católico. “El reino de los cielos es del hombre piadoso y compasivo con sus iguales”, lo dice en el evangelio de San Pedro, en la parábola del hombre piadoso y compasivo.

-¡No existe un evangelio de San Pedro!

-Pero si lo hubiera eso diría.

-¡Lárguese en este momento de mi oficina! ¡Y no quiero volver a saber más nada de usted!

-Me voy en cuanto me dé mis 500 pesos.

-Nunca había conocido a nadie que luchara tanto por tan insignificante suma. ¿Qué planea hacer con 500 pesos?

-Comprar cervezas. Y acostarme con un par de prostitutas. Si queda algo compraré una cajetilla de cigarros cubanos.

-¿Quiere decir que todo esto es por un poco de alcohol y sexo?

-Por eso es usted un hombre solitario. Porque en lugar de cogerse a su esposa y fumar unos buenos habanos está aquí discutiendo con su empleado.

-Ex empleado.

-Peor aun. Mientras su mujer se acuesta con otros tipos y prepara su sopa desnuda por la cocina con las cortinas abiertas, usted simplemente se preocupa por tener dinero para comprar sopa y cortinas.

-¡Le prohíbo que hable así de mi mujer! Usted ni siquiera la conoce.

-¿Cómo va su relación? ¿La ama? ¿Siente usted que ella lo ame? ¿Hacen el amor dos veces al día, o tan siquiera dos veces al mes?

-Bueno, la verdad es que hemos tenido dificultades. Pero solamente son los problemas comunes de una pareja. No sé por qué le cuento esto, ¡eso es algo que a usted no le importa!

-¿Pero se da cuenta de por qué me urgen esos 500 pesos? Esa “insignificante suma” me va a dar más vida que el que le dan a usted todos esos millones que tiene guardados en el banco, y los cuales su esposa derrocha sin consultárselo.

Prendí un nuevo cigarro, y mi editor me pidió uno, el último de la cajetilla. Por fin estábamos entendiéndonos. Los dos fumamos sin hablar, sin decir una sola palabra o hacer un solo ruido, más que el de las bocanadas. Casi en sincronía hundimos las colillas en el cenicero de cristal cortado que se encontraba a la mitad del escritorio.

Mi editor abrió el cajón de hasta arriba de su archivero y sacó un cheque. Lo llenó con 500 pesos para mí, y me lo dio. Después sumió la mirada en su bonito escritorio.

-Venga conmigo -le dije-, le invito una cerveza.

No hay comentarios.: